martes, 26 de abril de 2011

Verónica (Primera Parte)

Personajes:       Estela
                        Alonso

(En un aula universitaria durante el atardecer, la luz del ocaso se filtra por las ventanas y Alonso se encuentra en el centro del aula buscando por las carpetas. Estela asoma el rostro por la ventana de la puerta, entra apurada y jadeante)

Estela:
-¿es acá la clase de ética?

Alonso:
-(Sorprendido y nervioso) Era la clase de ética, terminó hace diez minutos.

Estela:
-Carajo, es la primera clase y ya empecé mal. Disculpa la expresión, es que realmente me fastidia.

Alonso:
-No hay problema (concentrado mirando entre las carpetas y mirando de reojo a Estela).

Estela:
-Si ya terminó la clase, ¿qué haces todavía acá?

Alonso:
-He perdido mi celular, creo que lo dejé caer por algún lugar.

Estela:
-Ah ya, puedo ayudarte a buscarlo.

Alonso:
-¿En serio? Muchas gracias.

Estela:
-No hay por qué. Te he visto antes, estudias con algunas amigas mías; Alejandra Reyes y Carla Ortego.

Alonso:
-Sí, estudio con ellas. Creo que también te he visto en alguna ocasión. ¿Por qué llegaste tarde?

Estela:
-Me quedé dormida, sé que es tarde para que esté durmiendo. Pero tomaba mi siesta y tuve un sueño magnífico, no quise levantarme. Por desgracia se me pasó el tiempo y cuando me desperté se me había hecho tarde y olvidé el sueño, ¿nunca te ha pasado que sabes haber soñado algo hermoso pero no recuerdas qué fue?

Alonso:
-Me ha pasado, también me ha pasado que sé haber soñado con alguien pero no sé qué he soñado. (Molesto) Creo que nunca encontraré mi celular.

Estela:
-Lo encontré.

Alonso:
-¿Es en serio?

Estela:
-No, pero no me gustó verte molesto.

Alonso:
-(Riendo) Gracias, me has hecho reír y me levantaste el ánimo.

Estela:
-(Sonriendo) No, creo que fue algo cruel, discúlpame. (Alonso se queda mirándola fijamente) ¿Qué sucede?

Alonso:
(Crispando la mirada) Nada, ¿por qué?

Estela:
-Te quedaste un buen tiempo viéndome, pensé que tenía algo mal o estabas molesto por mi broma.

Alonso:
-No, no es nada de eso. Es que me gustó tu sonrisa.

Estela:
-¿Puedo preguntarte algo? (se sienta en una carpeta).

Alonso:
-Claro, ¿qué sucede?

Estela:
-Lo siento, quizá es algo que no debería preguntar… por cierto, ¿cómo te llamas?

Alonso:
-Ah, perdón por no presentarme. Soy Alonso Carrión.

Estela:
-Soy Estela Molina.

(durante los siguientes dos minutos Alonso da vueltas por el aula buscando el celular en silencio. Da un paso y mira a Estela disimuladamente, da tres pasos y vuelve a verla de reojo, da cinco pasos y vuelve a verla, sucede así en series de tres, cuatro, seis y siete pasos. Mientras tanto Estela mira pensativa la carpeta en la que está sentada, pasado el minuto y medio mete la mano en la carpeta y se sorprende)

Estela (gritando):
-¡Lo encontré!

Alonso (sin voltear a verla):
-Jajaja, ¿te divierte molestarme? Admito que es algo gracioso, pero de cierta manera irritante. Gracias de 
todos modos por ayudarme.

Estela:
-Oye, es en serio, lo encontré. Estaba en esta carpeta, a menos que este no sea tu celular, de ser así tengo un nuevo celular y mucha suerte. Aunque creo que te lo regalaría, tú necesitas un celular y a mí me sobra uno.

Alonso (volteando):
-Jajaja, ese es. (Camina hacia ella y se detiene frente a ella) Muchas gracias.
(Alonso intenta tomar el celular pero Estela aleja la mano y repite el juego unas cuantas veces) ¿Qué sucede? ¿Por qué no me lo das?

Estela:
- ¿Cómo sé que es tuyo? (ríe levemente) ¿tienes el nombre de tu novia acá? Quizá podrías decirme cómo la tienes guardada y si existe el contacto te lo doy.

Alonso:
-Es mío, y no tengo novia. Pero puedes ver las últimas llamadas y sabrás que he llamado a Romina.

Estela (jugando con el celular):
-Sí, tienes razón, acá está Romina como la última llamada.

Alonso:
-¿Ahora puedes dármelo? ¿O hay algo más que quisieras saber?

Estela:
-Ahora que lo mencionas, sí. Y te daré tu celular si responder a esta pregunta.

Alonso:
-Claro, pregúntame lo que sea.

Estela:
-He notado que las veces que nos hemos cruzado, o he ido al aula donde tienes clase me has visto por mucho tiempo. Es decir, te quedabas viéndome. Y… quiero saber ¿por qué?

viernes, 8 de abril de 2011

Titulo pendiente.

Un hombre, cualquiera como muchos, camina por el pasillo más largo del quinto piso de la universidad. Lee un libro, como pocos, cuyas letras comienzan a crispar de color: negras, azules, moradas y, finalmente, verde.

Con la mano izquierda se soba los ojos y aleja el libro con la derecha. Mira a sus costados, los demás estudiantes caminan despreocupados. Cada rostro que pasa, es color verde, no hay excepción. Pareciese como si usara lentes de luna verde. Los estudiantes pasan y desaparecen, uno por uno hasta dejar al hombre solo.

El pasillo para él, nadie más. La soledad lo vuelve loco, la desesperación lo invade, empieza  a sudar frío y a temblar. Los colores se crispan nuevamente: verde, azul  y rojo. Desaparecen los casilleros y desaparecen las aulas, todo parece como si la sangre se escurriera por su rostro y manchase el mundo que ve. Y, cual toro de lidia, empieza, el hombre, a correr; enfurecido al comienzo y asustado al final. Grita y clama por ayuda, las paredes se pierden; corre más rápido. De pronto un golpe, un ruido, un dolor y la calma. El suelo desaparece y su cuerpo se enrojece mientras los curiosos empiezan a formarse alrededor esperando que llegue el fiscal.